Dove y los medios: ninguna campaña «demuestra» nada

Almudena | 24/04/2013, 10:58 | Diseño | Comentarios (0)

Los responsables del marketing y el branding de Dove, sin duda, están haciendo un gran trabajo. Llevan ya varias campañas bastante virales y la última, por supuesto, no es una excepción. Si no la habéis visto aún, aunque sólo sea por curiosidad, os recomiendo echarle un vistazo.

Melinda

Lo más llamativo de la marca, desde mi punto de vista, es que ha conseguido verse asociada a ciertos mensajes reivindicativos, tentativamente feministas y contrarios a «la industria de la belleza». ¡Pero no deja de ser una marca de cosmética! Y por ello, la idea que vende no es tanto «la belleza no es lo más importante» o «que tu autoestima, identidad no se base sólo en tu imagen» (una patología demasiado frecuente y  «femenina», por desgracia), sino «la belleza importa: para sentirte bella como eres, compra Dove». Un mensaje mucho más positivo, en cualquier caso, que «suicídate porque no te pareces a la marciana de nuestro anuncio»… pero que no deja de tener su miga.

En cualquier caso, su última campaña resulta llamativa porque se sitúa, de nuevo, del lado de la reivindicación. Las mujeres se ven más feas de lo que realmente son (por culpa de «la industria de la belleza», se entiende). Y para ejemplificarlo, nos presentan un curioso experimento: varias mujeres se entrevistan a ciegas con un dibujante forense que las retrata mientras ellas mismas se describen. Más tarde, el mismo dibujante hace otro retrato pero, esta vez, atendiendo a la descripción hecha por un desconocido. ¿El resultado? El retrato del desconocido es más amable, se diría, la mujer sale mucho más guapa. ¿Y la conclusión que nos ofrecen? «Eres más guapa de lo que crees».

Vaya por delante que Dove es una marca cosmética con sus (excelentes) publicistas y no equipo de investigación. Su función no es generar conocimiento sino convencer de un mensaje y por eso mismo me preocupa que ciertos medios presenten el lema de la campaña como si… en fin, como si fuese un descubrimiento en el ámbito de la psicología. La idea de que las mujeres se ven más feas de lo que realmente son resulta tentadora porque recuerda a otras denuncias ya oídas. Pero sea cierto o no, esto no queda demostrado por la campaña en cuestión. De hecho, añado, ninguna campaña publicitaria puede «demostrar» nada: si hay un buen momento para agudizar el sentido escéptico, es, precisamente, ante quien intenta venderte algo.

Más allá de los requerimientos habituales de cualquier estudio científico (número significativo de participantes, selección aletorizada, aislar las variables asociadas al dibujante, grupo de control: por ejemplo, algún tío o alguna super-tía con super-autoestima), tomaré por buenos los datos y me limitaré a darles una explicación alternativa: una mujer, incluso una que no se crea un adefesio, conoce mejor su cara que un desconocido retratándola de memoria. Existe la posibilidad de que los autorretratos no sean realmente más feos, sino sólo más caricaturescos al exagerar los rasgos característicos que las retratadas conocen bien. El retrato del desconocido, en cambio, es más neutro, más parecido a una cara genérica cualquiera, agradable, sin estridencias, «modélico».

Melinda

Una de las participantes de la campaña. Una tía sobradamente guapa (y en el vídeo más), en cuyo retrato anónimo, sin embargo, no figuran sus ojos hundidos, sus pómulos marcados y su amplia boca. Es decir: los rasgos más distintivos (y especiales) de su rostro. El retrato anónimo es, precisamente, más ideal y se nos presenta como más bello, algo paradójico teniendo en cuenta el lema de Dove («Real Beauty»).

De hecho, sí existe un experimento perceptivo que asocia la caricatura así entendida a la fealdad. Probablemente también lo hayáis visto: se conoce como la ilusión de las caras grotescas. En ella, una serie de parejas de rostros se suceden ante nuestros ojos mientras fijamos la vista en un punto intermedio. Lo que hace nuestra percepción es exagerar las diferencias de cada uno de ellos: mostrar sólo lo distintivo, convertirlos en caricaturas. El resultado es, de hecho, una sucesión de monstruos que, por algún motivo que desconozco, sólo se muestran claramente a través del rabillo del ojo.

Ver vídeo

En general, es un hecho conocido que nuestra percepción tiende a exagerar o hacer más visible cualquier tipo de contraste en la imagen: lo que se mueve, lo que cambia, lo que tiene distinto color. Realmente, nunca vemos «lo que hay»: vemos lo que hay en comparación con lo que tiene alrededor. Quizás esta característca, esta deformación sea más potente en la periferia de nuestra visión para alertarnos mejor de cualquier cambio en el entorno que menos controlamos (los predadores son más peligrosos aún cuando no vienen de frente). Pero esto último es una conjetura mía y yo no pretendo venderos nada ;) .

 

700 kilómetros en bici

Almudena | 20/04/2013, 21:08 | puratura | Comentarios (6)

Regresa la primavera y, con ella, la temporada de ir al trabajo en bici. Por fin vuelven la luz y las tardes en la terraza, bebiéndose el sol por la piel. Por eso y  porque no quiero dejar pasar este hito, mis primeros 700 kilómetros en bici, voy a contaros mi experiencia pedalera. Y porque hoy (ayer a la hora de publicar) se celebraba el día de las bicis y cualquier excusa es buena.

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¿Por qué comprarse una bici?

Hace ya más de un año que me mudé a Pamplona. Me salió un trabajo (existen algunos en España) y, con él, la obligación de ir a unas oficinas. Pero como tantas veces, el edificio que las aloja está en un lugar absurdo, rodeado de nada y descampados, a las afueras de la ciudad. Y como tantos otros lugares absurdos a las afueras de una ciudad, este resulta bastante inaccesible: sin transporte público alguno que llegue a él y comunicado con el resto del mundo sólo por una autopista.

El problema que se me planteó entonces resultaba frustrante porque, para colmo, el lugar absurdo en cuestión está bastante cerca de mi casa: a unos 7,5 kilómetros. Una distancia realmente ridícula, que, sin embargo, prácticamente me obligaba a comprarme un coche.

Me negué en redondo, primero tímidamente, luego por mis santos huevos. La verdad, no me gusta conducir. No me gustan los coches, ni la sensación de ocupar una máquina de matar de asfalto, inercia y toneladas de hierro. Tampoco he visto cómo desaparece el Ártico, para vomitar cada día más CO2 prescindible a la atmósfera, en un coche que transporte un solo culo. Si los diccionarios fuesen más realistas, junto a “ineficiencia” se leería “mover más de 100o Kg para trasladar 60″, “coger el ascensor para ir al gimnasio” y otros esperpentos cotidianos.

Pero, sobre todo, es que me niego a tener que pasar por el aro. A aceptar la fórmula de hipoteca, coche para trabajar y trabajar para pagar la hipoteca del coche. A creer que es la única posible. Me niego a aceptar que ese trasto de hierro es una “necesidad” y por instinto me rebelo contra la imposición externa que realmente supone. ¡Hippies del mundo, uníos! Es posible librarse de ese parásito que no hace más que chupar gasolina.

Compartir o pedalear

Hace un año encontré dos soluciones: la primera y más inmediata; comprarme una bici para el verano. La segunda, cuando el frío aprieta, compartir coche con un compañero al que yo ayudo con los gastos de la gasolina. Y, después de este periodo de prueba, me reafirmo en ambas decisiones. Compartir el trayecto me ha hecho ganar, además de buenas charlas matutinas, una puntualidad inusual en mí y complicidad con un amigo que de otro modo sólo sería una cara conocida más. Supongo que tuve suerte por encontrar a alguien conocido que viviese relativamente cerca. Pero siempre hay opciones anónimas que pueden facilitar la tarea: compartir.org, blablacar etcétera. Todas ellas sirven para despejar la carretera de coches mono-culo (TM), reducir el consumor de combustible, etcétera. No sé si es la solución perfecta, pero sí un gran avance.

Pero yo he venido aquí a hablar de mi bici ;) Mi despampanante, ligera, bonita, blanca y eléctrica bici. Quizás, compartiendo estas experiencias (como otros han hecho ya), el uso de la bici se vuelva más generalizado, más cotidiano. Y debo decir que la mía ha sido muy positiva. Muy factible (recalco) y muy positiva. Tengo planeado desgranar las ventajas e inconvenientes en otros dos posts que publicaré en las próximas semanas. Pero, por dar fin a esta entrada, recalcaré los dos aspectos que para mí, son más motivadores: para empezar, me siento más en forma al llegar a casa. No soy precisamente Induráin, pero me satisface sentir que puedo hacer vida más allá del sofá y más allá de mi cabeza. Para terminar, me encanta respirar el paisaje cambiante que encuentro cada mañana al ir al trabajo. Puede parezca una minucia pero, desde la ventanilla del coche, nunca había visto (nunca había mirado) cómo va mudando el entorno, tan lentamente, con las estaciones. Y es tan bonito darse cuenta.

Este martes, a bordo de mis dos ruedas, me encontré la primera amapola del año. El anuncio repentino y colorido, de que todo lo vivo va a ponerse en celo. Y pensar que sin bici, me lo habría perdido.

La ciencia es, ante todo, cultura

Almudena | 14/04/2013, 11:43 | Helarte | Comentarios (0)

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Esta semana, las mentes pensantes tras el blog “Cuaderno Cultura de Cultura Científica” (si no lo leen, a qué esperan) han decidido presentarlo a un concurso de la Universidad de Alcalá, en la modalidad de “mejor blog de difusión de la cultura en español”. A muchos quizás les sorprenda encontrar un blog sobre ciencia en un concurso de cultura y, precisamente por eso, su participación es muy necesaria y por mi parte os pido, desde ya, que le deis vuestro voto. A partir de este punto, los que ya hayan pulsado el link y hecho su aportación a la causa, pueden retirarse. Los que aún no estén convencidos de que la ciencia es, ante todo, cultura, por favor, quédense conmigo. Y es que, la pregunta que intentaré desarrollar tiene su importancia: ¿qué es cultura?

Bien, “cultura” es, para empezar, una de las palabras más polisémicas, ambiguas y manipulables que adornan nuestro lenguaje. Una de las que más frecuentemente figuran en esa realidad (tan “cultural” a su vez, tan de nuestro tiempo) que cobra forma a través de los medios de comunicación y sus ecos cotidianos. “Cultura” es también ese explosivo célebre por sintagmas como: “también es cultura” (“el toreo también es cultura” o “la ablación también es cultura”), “identidad cultural”, “cultura nacional”, etcétera.

A pesar de su versatilidad, no obstante, la primera idea que nos suele venir a la cabeza cuando alguien pronuncia “cul-tu-ra” es un museo o, en el peor de los casos, la gala de los Goya, o algún cantante pop reivindicando su propia importancia. Dije que el motivo era extraño, pero miento, no lo es tanto: en esa misma realidad que conforman los medios, la palabra “cultura” ha aparecido tantas veces asociada a las reivindicaciones de los gremios de “las artes” (otra palabra difícil), que prácticamente se han vuelto sinónimos. La mudanza de significado no tendría importancia si no fuese por las connotaciones que, a su vez, lleva de la mano la etiqueta “cultura”: “la importancia de la cultura”, “la defensa de la cultura”… En general, asumimos que la cultura es algo positivo, digno de defender y (valga la redundancia) “cultivar”, un valor asociado a la inteligencia y la ética, con el que, incluso, se hace más fácil ligar más en los bares. Como muestra, un experimento: piensen en “un intelectual”, como sustantivo. ¿A qué se dedica, a la literatura o la zoología?, ¿es un tipo/a elegante?, ¿resulta atractivo/a? O, si “intelectual” se les queda algo snob, prueben con “persona culta”: ¿habla de Historia del Arte o de Microbiología?

He aquí el meollo de la cuestión, la verdadera razón para reivindicar la “cultura” en todo su significado y la ciencia como parte de la misma. Más allá de jaleos semánticos, la ciencia ha de ser tenida en cuenta como cultura para que sea igualmente valorada, estimada y “cultivada” en nuestra sociedad. Y para que los físicos puedan (podamos) ligar en los bares hablando de sus movidas, por qué no ;) (al menos tanto como otros con el cine de Kurosawa).

Así que, pasando del continente al contenido, ¿qué es cultura? Personalmente, me gusta mucho cómo la define Jesús Mosterín en esta recomendable conferencia. Para quienes no tengan el tiempo que merece dedicarle, destacaré que “cultura”, en el sentido científico (antropológico) de la palabra es todo aquello que modela nuestro comportamiento y que no es “genética”. Cultura es lo aprendido, lo adquirido (por tanto, compartido) y, bebiendo de su etimología (agricultura), lo “hecho crecer”. Es toda esa información que en en los humanos se transmite, no por los genes, sino por aprendizaje social. No es de extrañar, por tanto, la inmensa polisemia de la incendiaria palabreja, sobre todo cuando se opone a sus también inmensas connotaciones.

Hay pocas cosas, comportamientos, costumbres humanas que no sean “culturales”. El arte, por supuesto, es cultura. Pero también lo es desyunar churros un domingo, pensar que las mujeres deben vivir bajo un burka, o los chistes cómplices que cada cual comparte con su pareja (una cultura de dos, al fin y al cabo). Todo es cultura… pero hay cosas que son más cultura que otras. Personalmente, de la definición, me quedaría con dos ideas: el hecho de que la cultura es información “compartida” (aprendida de otros) y que modifica nuestro comportamiento y nuestra forma de pensar. Gracias a su carácter compartido, la cultura nos ha permitido adaptarnos a situaciones para las que la genética es demasiado lenta (el progreso es consecuencia de la cultura). Y bajo ese prisma, pocas construcciones culturales me parecen tan reseñables y paradigmáticas como la ciencia. Y es que, por un lado, la ciencia es esencialmente el conocimiento compartido, construido, corregido y hecho crecer, por el colectivo de la humanidad. Y, por otro lado, la ciencia ha modificado y condicionado como ningún otro factor cultural, nuestra forma de vida, nuestro comportamiento y nuestra forma de pensar desde comienzos de la modernindad. Podemos creer que una canción o un clásico de la literatura nos modifican y nos acercan a otros miembros de la sociedad que comparten nuestra “cultura”. Pero su efecto no es comparable, al poder que tienen ideas como la evolución o el origen del universo: el hacernos conscientes de que somos simios erguidos por la evolución, tripulantes casuales en una roca que gira sin cesar en el enorme Universo. Podemos creer que tal o cual película cambió el siglo XX. Pero si un alienígena encontrara a dos individuos, en 200o y en 1900, descubriría que el primero no sabe vivir sin su smartphone, internet y un entorno absolutamente tecnificado, mientras el segundo está ilusionado con los primeros juguetitos de la electricidad.

La ciencia no sólo es cultura. Suscribiendo las palabras de Pedro Etxenike, la ciencia es “la obra cultural colectiva más importante de la humanidad”.

Fortissimo Prokofiev

Almudena | 09/04/2013, 20:54 | Idas de olla | Comentarios (2)

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No recordaba que lo había olvidado. Pero debió de ser así, porque la última vez que me lo increparon, yo lo negué con la boca pequeña: “—Almudena, a ti te gustaba tocar el piano”. Supongo sí… hubo una vez en que esa debió de ser la razón para tocarlo. Pero, por imbécil que parezca, creo que lo había olvidado.

Lo recordé el otro día porque me pasó de nuevo. No puede ser casual. De vuelta a los numeritos, me encuentro otra vez en ese lugar donde la música es la huída, la procrastinación frente a la obligación inminente y la rutina. Vuelvo a tocar para desenroscarme la cabeza del cuello. Y probablemente por eso lo noté recorriéndome los dedos, ese placer neto de hundir la mano en la tecla y ser un titán de sonido.

Me gusta pensar que ese sonido no es “algo” que viaje en el aire. Es, de hecho, el propio aire, comprimiéndose y dilatándose, inundando el espacio, la misma materia que nos rodea y nos llena los pulmones. Y es un verdadero placer asir tanto poder. Tejer un gusano sostenido en el tiempo, que invade las cabezas de cuantos escuchan y los ata entre sí. Hacerlo estallar de cuando en cuando con un amplio gesto de los brazos. Reventar los cerebros de tanto sonido y reemplazarlos por una nítida pasta de cristal, un juguetito de formas, equilibrio y… sonido, sonido, sonido -tu, tuuuu, rurú.

Los mejores placeres aniquilan las ideas, pringosas secreciones mentales. Es el mérito de los orgasmos, que nos sustraen del yo a la piel (piel piel piel: la propia palabra obliga a juntar los labios y acariciar con la lengua el paladar). Pero también de esta música, que me devuelve a los brazos, a los dedos. Que me hace sólo ser (no-consciente, no-mental) en las manos, palpitantes de cansancio, con sus venas hinchadas, con su pulso violento, poderoso, aniquilador, vi-vo. Las manos y el sonido y el oyente atravesado, roto, tiranizado.

Si alguna vez fuese general, procuraría lanzar las bombas a tempo; y levantar grandes muros con las ondas expansivas. Haría que el sonido, fortisimo, amplio, de mil acordes disonantes, lo invadiera todo, lo arrasara todo. Y que cada explosión fuese consecuencia de otra. Y que cada soldado bailase bajo mi mandato. Y no pensarlo tampoco demasiado.

Bitácora y REC

Almudena | 08/01/2013, 22:06 | puratura, Vídeo | Comentarios (0)

Cuando participé en la Expedición Malaspina tuve la suerte de coincidir en el barco con el que hoy es mi amigo Josemi. Director de documentales (para National Geographic, entre otros) y viajero incansable, su labor a bordo era producir y dirigir una serie documental sobre nuestra aventura. Esa serie, que más tarde se llamaría Bitácora, se está emitiendo estos días en tve2 y mi firma, junto con la de Josemi, aparece bajo el guión.


Pero además, recientemente, José Miguel García ha decidido emprender un nuevo proyecto, ofreciendo sus muchos vídeos alrededor del mundo y los de todos aquellos que quieran colaborar con él, en una página de footage llamada REC. El viaje del Hespérides que ambos compartimos, también está allí colgado, en pequeños clips de menos de un minuto.

Encontraréis también muchas otras cosas: escenas de Kenia, de la Antártida, de Siberia, de Taiwán… y sobre todo mucha ciencia. Porque esa es, precisamente, la identidad de REC: la primera web de footage de España que además está especializada en temática científica. La misma que ha llevado a José Miguel a dar vueltas por todo el mundo.
Como sé que entre quienes me rodean, hay muchos dedicados a grabar y divulgar documentales, os recomiendo echarle un ojo a la web del proyecto: ya sea como clientes o como colaboradores.

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