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El grabado de los astrónomos

Almudena | 01/09/2011, 23:08 | Grabado | Comentarios (1)


El conocido como grabado Flammarion es una xilografía de autor desconocido. Debe su nombre al autor del libro donde se la encontró: el tratado L’atmosphère: météorologie populaire (1888) de Camille Flammarion. Lo más probable es que se realizase por encargo (puede que incluso lo grabase el propio Flammarion) para ilustrar uno de los pasajes del propio libro, en el que el autor describe las arcaicas concepciones del mundo. El pie de imagen reza: “Un misionario de la Edad Media dice haber encontrado el punto en el que el cielo se encuentra con la tierra”.

Esta imagen se me quedó colgando del ojo el año pasado, tras visitar uno de los muchos museos de Berlín (a saber cuál). Y es que, pese a la aparente ingenuidad de la cosmovisión que representa, tiene algo… perdurable: un curioso llega hasta la frontera y asoma su cabeza más allá de las apariencias, más allá del bonito caos, para descubrir el mecanismo, la explicación, el orden subyacente que permite predecir los fenómenos de la Tierra. Qué es sino un investigador, el conejo que sale de la chistera para erigirse en mago.

Quizás, una imagen tan aparentemente precientífica, situada en una Tierra abovedada y plana, retrate también la esencia del pensamiento científico. A fin de cuentas, conviene no olvidar que la ciencia nunca es un resultado, un conocimiento positivo o la “Verdad” sobre algo. La ciencia ante todo es (debe ser) un método: la herramienta que nos permite asomar la cabeza para ver más allá del bonito caos.

Exposición Grabado en Danza

Almudena | 11/12/2010, 20:23 | Grabado, puratura | Comentarios (0)

El otro día, de camino a la inauguración de la Exposición Fin de Carrera descubrí que, para mi sorpresa, habían colgado otro trabajo mío en una exposición de grabado, en la planta superior del mismo edificio: frente al Salón de Actos. Es una serigrafía tamaño 50 por 70 cm que realicé el año pasado y quedó bastante bien (podéis verla en mi portfolio: pintura, serigrafía). Si tenéis pensado pasar por Bellas Artes podéis matar dos pájaros de un tiro y visitar las dos exposiciones. Ambas permanecerán abiertas hasta el 17 de diciembre.

Por cierto, siento el gran parón que ha sufrido el blog. Me he embarcado (y nunca mejor dicho) en un nuevo proyecto realmente apasionante. El lunes daré más detalles. Hasta entonces, ¡habrá que mantener el misterio!

Homenaje a Mandelbrot. La obra de Hokusai

Almudena | 25/10/2010, 18:53 | Grabado | Comentarios (0)

Katsushika Hokusai fue un pintor y grabador japonés del período Edo, adscrito a la escuela Ukiyo-e, caracterizada por el uso de una particular técnica de grabado xilográfico (en madera). No es de extrañar que una escuela artística que cuyo producto estrella era la imagen seriada, surgiese en paralelo al auge de una nueva clase social: una burguesía urbana y comerciante, que demandaba este tipo de creaciones estéticas, menos costosas que la pintura de los aristócratas. En consecuencia, la nueva técnica se utilizó para producir imágenes acordes con los intereses de esta clase media, a saber: escenas cotidianas o costumbristas, paisajes, retratos de actores famosos, y, como no, chicas guapas y sexo (bastante explícito, por cierto).

Shunga (pintura erótica) de Hokusai

La sociedad demandó una nueva técnica y esta, a su vez, originó una estética característica. Las estampas Ukiyo-e se reconocen por sus masas de tintas planas, contorneadas con una firme línea negra, algún gradiente monocromo ocasional y un número de colores, por lo general, limitado… en definitiva, un tipo de imagen limpia, sintética, con poca profundidad, rica en patrones decorativos pero pobre en texturas, que podría recordar a ciertos tipos de ilustración o, incluso, ciertas serigrafías. Todo ello guarda relación con las limitaciones de la propia técnica: las masas de colores planos, por ejemplo, se explican por la necesidad de estampar cada tinta por separado, (lo que dificulta fundir unos colores con otros o crear sombras).

Por otra parte, el grabado implica cierta planificación. Entre el artista y el papel hay un paso intermedio: la matriz de madera tallada y, en ella, no es tan fácil hacer y deshacer como en un lienzo con pintura. Supongamos que el artista quiere representar algo aparentemente caótico, una textura aleatoria (véase: una nube, o la espuma de una ola). Si tuviese una brocha, probablemente aprovecharía los movimientos automáticos y descontrolados de su mano para generar texturas, corrigiendo los posibles errores sobre la marcha. Pero, para tallar eso mismo… no resulta tan sencillo planear el caos (de esto saben los programadores). Probablemente por ello aparezcan tantos patrones decorativos en este tipo de imágenes: su función es rellenar una superficie, aportándole variedad y riqueza, pero sin cobrar protagonismo. Un elemento repetido termina resultando indiferente a la vista, permitiéndonos ver el conjunto como algo uniforme (que no liso): como «ruido».

La Gran Ola se suele poner como ejemplo del uso de patrones fractales

En este contexto, puede resultar coherente hablar de fractales en ciertas obras de Hokusai. A fin de cuentas, este tipo de patrones suponen una forma sencilla de generar «caos» a partir del orden. Resultan especialmente útiles para enrarecer una línea sin comerse mucho el coco y encima, dan una gran coherencia al conjunto sin llamar demasiado la atención. Con ello, claro, no quiero decir que Hokusai conociese o utilizase este tipo de estructuras matemáticas, pero quizás, por una cuestión puramente pragmática, llegó a la misma conclusión que las ramas de los árboles o las hojas de los helechos. A fin de cuentas, ya lo dijo el propio Mandelbrot:

Las nubes no son esferas, las montañas no son conos, las costas no son círculos y la corteza no es lisa.